Un brote semántico con delirio analítico
Creer
o adherir es el fondo, y en ocasiones el centro, de todas las discusiones y
debates.
Antes
de describir lógicamente el problema y dar la propuesta, propongo conocer el
problema por vías comunes: haciendo un ejercicio de memoria, recuerdo que el
uso del verbo creer, en español, refiere a:
·
Gente
que cree que cierta persona está enamorada de ellos.
·
Gente
que cree en la evolución, o que no cree en la evolución.
·
Gente
que cree en su propia existencia.
·
Gente
que cree que su país es el mejor.
·
Gente
que cree en sus representantes, o que no cree.
·
Gente
que cree en Dios, o no cree.
Puede
ser que no sea inmediatamente reconocible, pero aquí el término “creer/creencia”
está siendo instrumentalizado de una forma tan amplia, que carece de sentido. A
saber: si creer fuese aquí remplazado por pienso, o supongo, o confío, o me
parece, entonces demuestra que la mayoría de la gente no entiende lo que es y
lo que no es, una creencia. Eso es peligroso, porque supone que hemos olvidado
algo muy simple: nadie puede creer o descreer lo que es verdad. Se dijo que el
ser es, y que el no-ser, no es. Bueno, nuestro universo, quiérase o no, se nos
presenta (o representa) así: lo que es, es. Lo que no es, no es. Y un lenguaje
que se divorcia de esa distinción primordial y inmediata a la existencia
natural, es uno convenientemente vulnerable a una captura ideológica que
suplante la realidad, por la idea de la realidad.
Identificado
el problema por medios vulgares, continuemos entonces por medios lógicos. Creer
tiene, especialmente en el inglés, un uso ciertamente indiscriminado, que
colapsa involuntariamente, por ceguera del diseño, al menos dos diferentes
actitudes.
Aclaración
innecesaria: ni la creencia ni la adhesión se entienden aquí como estados
psicológicos, sino como roles funcionales dentro de una arquitectura lógica.
En
lo que aquí respecta, nos referimos a un problema primeramente
lógico-analítico, es decir, propio de la lógica.
En
el fondo, la lógica doxática,
el campo específico que estudia la creencia propone que:
Baφ
A saber: “B” corresponde a
creencia.
“a” al operador de la creencia.
Y “φ” al objeto de la creencia.
Bien,
el problema no está sino cuando “B” funge de acuerdo a esta definición:
Creer es un operador
de compromiso proposicional total sobre un dominio de posibilidades, no
una actitud psicológica ni una certeza práctica.
Vale
la pena saber que aquí se terminarán diferenciando a los dominios de acuerdo
con si permiten o no que la lógica funcione sin eliminar sus propios
presupuestos. Por ahora, se parte desde la suposición común de que, si se pueda
dar y pensar, entonces es dominio.
Y,
sin embargo, contra toda arquitectura, se la emplea para decir cosas como:
·
María
cree que mañana lloverá.
·
Juan
cree que el tren llega a las ocho.
·
Ana
cree que su amigo dijo la verdad.
El problema del rótulo “B” es que
no discrimina roles ontológicos del contenido “φ”. Y si en verdad no
discrimina entre dominios de posibilidades, entonces llegamos a esta
disyuntiva:
·
Carlos
cree que la realidad existe.
·
Juana
cree que Dios existe.
·
Ortega
cree que la realidad es ilusoria.
·
Jeremías
cree que no hay diferencia entre Ātman
y Brahman.
Aquí
el uso de creer es técnicamente correcto, pero ahora ya no encierra, en todos
los casos, el mismo tipo de dominio de posibilidad. De hecho, si uno de estos
fuera real, no solo las demás proposiciones serían cuestionables, sino incluso, la
lógica misma.
El
problema (que no es un problema sino solo una condición) es que la lógica no es
neutral (especialmente la doxástica), ya que parte aquí desde una distinción
clave, que hay dominios que, aunque enunciables y hipotéticos, no contienen la
certeza necesaria como para que la lógica opere como lo hace el mundo real. Es
decir:
·
La
existencia de posibilidades donde la lógica no funciona,
·
Y,
el hecho de que no es el caso, ya que aquí y ahora sí funciona,
·
Implica
que no todo dominio es de igual o equivalente posibilidad, aunque sea posible
bajo ambigüedad.
Esto
generalmente se soluciona graduando el método: hay dominios más posibles1
que otros. O jerarquizando metafísicamente, a saber: hay proposiciones cuyo
peso metafísico es tanto que utilizar el mismo concepto “B” con ellos pasa a
ser problemático o ineficiente.
Por
cierto, cuando dije “De hecho, si uno de estos fuera real, no solo las demás
proposiciones serían
cuestionables, sino incluso, la lógica misma” me refiero a la posibilidad de un
dominio solipsista, o una situación alienígena, o solo la inexistencia de la
realidad. Este egoísmo filosófico, o nihilismo en otros casos, generalmente no
es tomado en serio, pero si lo fuera, entonces supondría el uso lógico para la
eliminación del presupuesto donde opera la lógica.
Para
solucionar esto, bastaría con prevenir a “B” con “C” donde “C” corresponde a:
adherir a un dominio de entre los posibles, que es metafísicamente liviano, o,
lógicamente más simple y sostenible, a saber: “C” comprende un término que
integra la epistemología de Ockham, aunque de forma herética.
Entiéndase
que “C” garantiza operatividad mínima y economía ontológica. No se manifiesta ni
presupone la veracidad de lo que propone, sino que lo que propone al menos no
puede ser declarado falso por la lógica, sin terminar por ensuciar la lógica
misma. Es decir: no hay forma de sacar al solipsista de su ensimismamiento, pero
este tampoco puede lógicamente justificarse sin romper la lógica.
Sobre
si ha habido un desplazamiento de la lógica doxástica a la de certezas:
En efecto, el argumento reconoce explícitamente que ciertas
proposiciones como la existencia de la realidad, la vigencia de la lógica o la
posibilidad misma del dominio donde operan las creencias no funcionan como creencias
revisables dentro de un conjunto de mundos posibles. En ese sentido, hay un
reconocimiento claro de lo que la tradición ha llamado “certezas”, “supuestos
básicos” o “presupuestos de fondo”. Hasta aquí, no hay ruptura.
Sin embargo, el punto decisivo no reside en el contenido
reconocido, sino en el tratamiento lógico que se le da.
El problema no es que existan certezas, sino que el operador de creencia
las absorba sin distinción, produciendo una homogeneización conceptual que
oscurece su función. En este
sentido, la introducción de una noción como “adhesión” no equivale a una lógica
de certezas en sentido estricto. No se trata de un operador que garantice
verdad, ni de un conjunto de proposiciones incuestionables por principio. Se
trata, más bien, de un operador de selección de marco, que expresa la
aceptación de un dominio operativo mínimo en el cual la lógica doxástica puede
ejercer su función sin autodestruirse.
La
diferencia es sutil pero decisiva. La lógica de certezas afirma que hay proposiciones que
no se dudan. La
distinción entre creencia y adhesión afirma que hay proposiciones cuya función
lógica no es ser dudadas, sino hacer posible el espacio de duda y creencia.
Si
hay un desplazamiento, no es disciplinar sino arquitectónico: desde una
lógica que opera sin distinguir niveles, hacia una que reconoce la diferencia
entre creer dentro de un mundo y adherir al mundo en el que creer tiene
sentido.
Por
ello, no puede decirse que el argumento haya abandonado la lógica doxástica
para recaer en una lógica de certezas. Lo que ha hecho es explicitar una
frontera que la lógica doxástica presupone, pero no tematiza. El operador de
adhesión no compite con el operador de creencia, ni lo debilita; al contrario,
lo preserva de una aplicación impropia que lo vuelve trivial o incoherente.
Ejemplos:
·
Adhiero
a la existencia de la realidad.
·
Adhiero
a la existencia de esta proposición.
·
Adhiero
a la existencia de la lógica dóxastica.
Que
no necesariamente, aunque seguramente, equivale a:
·
La
realidad existe.
·
Las
proposiciones enunciadas existen.
·
Existe
la lógica dóxastica.
Ejemplos
de Baφ y “C”:
“María
adhiere a la existencia del mundo y cree que mañana lloverá”.
Donde Baφ es: cree que
mañana lloverá.
Y C es: María adhiere a la
existencia del mundo
Por
cierto, en este punto, la distinción se aproxima a lo que la tradición ha
reconocido como proposiciones-marco o certezas de trasfondo. Si he visto más
lejos, es porque me he subido a hombros de gigantes.
Y
a partir de este umbral, queda esfumada la anterior enunciada diferencia,
porque ya cae la noche. El mundo que se sigue olvida y proscribe esta
racionalidad, esta claridad, esta sencillez. Que la oscuridad se apiade de sus
almas.
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