Una formulación de lógica sobre la democracia directa.
Logicismos y jaurías sobre una comunidad organizada.
«Dame un punto de apoyo y moveré el mundo»
Primera parte: un punto de apoyo.
A continuación, bosquejo un sistema
administrativo-gubernativo basado en la idea organizativa individuo-individuo.
Esa es la única idea política realmente tematizada en todo el bosquejo.
Lo político tiene lugar implícitamente y entre
bambalinas, no dándose todavía en correspondencia con su concepto principal: la
desigualdad entre identidades irreconciliables, a saber: el concepto de amigo y
enemigo. Por ello, argumento que tampoco es un texto ideologizado como
acostumbran a darse sino una sistematización hipotética de cierto mundo
posible, todavía sin valoración. Es decir, no tratándose de un texto
programático sino de uno descriptivo, se propone hipotetizar cómo ordenar una
sociedad, sin antes preguntarse porqué (que sería el presupuesto político más
importante que aquí está ausente). De forma que, en realidad, este documento
parte de una premisa extraña: cómo hacer lo que carece de un porqué a priori.
Sobre qué es en términos literarios,
corresponde a una abstracción de operación social de inspiración analítica.
Este sistema por tanto es tan ideológico como
lo es cualquier herramienta política o social, es decir: no crea ni recrea un
mundo, sino que responde a un estado de cosas en el mundo. De forma que se la
podría considerar una hipótesis “políticamente neutral” de acuerdo a una
acepción vaga.
Primeramente, valdría la pena entender cuáles
son las razones necesarias y suficientes de un sistema de democracia directa.
Lo cual, en cierta forma, funge como definición no vulgar. Para la vulgar
denominación basta con cualquier diccionario político que se preste.
La democracia directa (democracia a secas a
partir de ahora) consta de las siguientes razones:
Una multitud que reconoce que:
1.
La existencia de otros y de sí misma.
2.
La realidad existe y es la única verdad
apelable bajo honestidad intelectual.
3.
El orden es superior a sus partes.
4.
El orden es imprescindible para la habitación
continua y plena.
5.
Que hay una diferencia fáctica entre lo común
y lo excepcional.
6.
La membresía en el sistema implica el amparo
que proporciona la ley. La situación de un sujeto no miembro queda a
deliberación posterior ad hoc. De forma que no se le puede tratar de la misma
forma automática a un ciudadano miembro que a un no ciudadano o a uno parcial
(minoría de edad, incapacidad parcial significativa o total, etc). La multitud
consta solo de miembros plenos.
7.
En situaciones de excepción: soberano es
aquello que restituye la normalidad.
Una multitud que se reconoce como:
8.
Capaz de tomar decisiones y no depender
jerárquicamente de una autoridad que las tome y ejerza en su nombre o en
representación de la multitud supuesta.
9.
Capaz de reconocerse a sí misma como única y
soberana, de forma que no pertenece a lo extraño ni le rinde pleitesía ni le
debe cuidado a la hora de deliberación y votación.
10. En igualdad
total entre sí misma, ante sí misma, previa y posterior a sí misma. Por lo que
ninguna parte puede coercer, prohibir, expulsar o proscribir bajo ninguna
circunstancia común a la otra.
11. Que
entienda la diferencia entre circunstancia común del actuar ciudadano y lo que
implica la circunstancia extraordinaria. Que entienda que el delinquir es
extraordinario, no un acto que hace al común de la acción ciudadana.
12. Por tanto,
que el sufragio debe ser abierto plenamente a los miembros plenos y que la
participación de los miembros plenos es requisito y criterio para la membresía
misma: de forma que la carencia de participación no esté permitida.
13. No requiere
de soberano que restituya la normalidad sino de reglas y mecanismos
transiciones nuevamente a un estado ordenado y deliberativo.
14. Una
multitud que vota decisiones (deliberación y votación).
15. La misma
multitud que toma decisiones (estipulación).
16. Un marco
donde se inscribe esa decisión (constitución, o reglamento, o ley implícita).
17. Un aparato
o dispositivo que aplica esa decisión (y toda otra) bajo una situación común.
Sin embargo, una democracia se basta de la
siguiente razón suficiente: la voluntad de poder dada plenamente en la
totalidad de una multitud política unida, pero consiente de su codependencia.
A saber: el sistema puede operar si cumple las
necesidades, pero opera solo de acuerdo con las voluntades. Si no hay voluntad
de que opere, no lo hace. Por ello, aquí conviene un término que suponga la
activación o actualización, que irremediablemente: no es lógico sino pasional.
Porque todo sistema requiere de motor que cause, por lo que una causa social
tiene motor intencional.
El siguiente presupuesto se presenta como el
ideal. Las razones anteriormente dadas no satisfacen sino secundariamente lo
que es, primeramente: una cuestión del sentido común y del bienestar en la
cultura. Para que el anterior presupuesto suficiente se dé, precisa de una
transformación de la cultura, que no abandona la tradición, sino que la somete
e instrumentaliza a los efectos de una responsabilidad semejante.
Sobre “voluntad de poder” debe entenderse la
voluntad individual dada al interior del sistema individuo-individuo que
coordinadamente se guía y dirige hacia una sola y única solución. No basta con
voluntad de pocos, tampoco con la voluntad de tomar de los otros su
participación, sino de satisfacerse a uno mismo y ejercer su propia voluntad en
la manera más coordinada posible. La voluntad de poder entonces, es igualitaria
y egoísta (no egológica). Es su momento semejante idea fue llamada voluntad
general o popular.
Es decir: la voluntad de poder en una
democracia es la voluntad de ser y guiarse solo y únicamente democráticamente
en plena igualdad y ante toda sospecha de lo contrario: actuar en
conjunto. No solo le corresponde ser adjetivada “de poder” sino como además “de
sospecha”. Su accionar es individual en origen y grupal en esencia: no puede
darse fuera del individuo ni contra el grupo perteneciente. No puede darse sin
grupo ni sin individuo, ni contra el individuo que la porta. No puede tampoco
entrar en contradicción consigo misma. Ha de entenderse que todo integrante de
un sistema democrático es por tanto un usuario de voluntad de poder, y que una
democracia es esencialmente agonística desde esa cualidad. Así, un sistema
democrático por medio del agonismo tiende a desenvolverse como uno
aristocrático, no siendo meramente el gobierno de todos sino además el gobierno
de los mejores (siendo por tanto el mejor estadio de gobierno que este sistema
puede ser, dada su propia lógica interna).
Su valor de existencia previa no es ideológico
sino psicológico. Es el carácter egoísta del sistema.
Sobre la igualdad: su existencia previa es
ideológica, no solo psicológica y es el generador principal del carácter
democrático del sistema.
Sobre la individualidad: su existencia previa
es ideológica, no solo psicológica y es el generador principal del carácter
tolerante y asertivo del sistema.
Sobre la carencia de coacción: su existencia
previa es ideológica, no solo psicológica y es el generador principal del
carácter del ordenado y disciplinado del sistema.
Sobre la totalidad: su abstracción previa es
psicológica, ideológica, geográficamente dada, ontológicamente experiencial y
es el generador principal del carácter totalizante del sistema. Sin embargo, la
totalidad no existe hasta que el sistema se constituye.
Sobre la violencia: su justificación se da de
acuerdo con las reglas y acuerdos del sistema, en ese sentido, su uso
individual esta proscrito, mas, su uso dentro del sistema individuo-individuo
esta más que justificado de acuerdo con las generales de lo común. Bajo
situaciones de excepción: tanto las actuaciones ad hoc como los usos de la
violencia debe ser justificable ante el espíritu objetivo de los contratos
voluntarios de la multitud. La violencia individual contra miembros plenos
nunca es aceptable sin reconocimiento previo de la multitud bajo casos
excepcionales. Los casos excepcionales vuelven posibles lo inaceptable, siempre
y cuando no contradiga directamente la norma ni su espíritu objetivo. La
violencia excepcional puede ser aceptada si necesaria.
Sobre el individuo en este sistema:
El individuo bajo norma: la acepta y en ella
se satisface. El individuo durante excepción debe apoyar todo intento de
restituir la normalidad del sistema y sus generales espíritus.
El individuo puede acudir a la violencia
excepcional solo bajo las generalidades de la norma excepcional. En ninguna
circunstancia se puede actuar en soledad o sin ratificación normada.
El individuo tiene acceso a la defensa
legitima y proporcional. No puede bajo esta circunstancia atentar contra la
vida de otro de forma voluntaria. Puede exigir la satisfacción de la
retribución personal más tarde bajo circunstancias comunes y generales.
Este sistema debe ser mantenido simple y corto
para nunca precisar de mediadores y ser recordado bajo toda circunstancia y en
todo momento por todo miembro. Su transmisión y educación es preciso y
beneficioso. Todo miembro debe subscribir a este desde un principio.
Sobre la interrupción del orden y cómo ha de
superarse.
La excepción la decide la propia excepción. A
saber: un momento de calma es terminado cuando las razones y causas, conocidas
y desconocidas, así lo demandan. En un sistema donde no hay soberanos, la
excepción no ocurre por voluntad, sino por naturalidad.
Ante la excepción: el tiempo y la razón son
los únicos soberanos honestos. Por ello, los mecanismos presentes no son
humanos, ni morales, sino eternos: la organización vence al tiempo.
El sistema individuo-individuo y propiamente
el ciudadano, no eligen que la tragedia que rompe la normalidad ocurra, y
tampoco pueden elegir ni operar su conclusión, sino que solo se puede
administrar la tormenta hasta que se pueda restituir la calma. La excepción no
suspende el sistema, sino que lo fuerza a operar en modo de emergencia.
Síntesis de la primera instancia:
La hipótesis de todo este sistema es, en
conclusión: una comunidad suficientemente organizada puede administrarse a sí
misma sin capas intermediarias estables. Si existe una comunidad así, entonces
puede (tiende a) administrarse de este modo.
Segunda instancia: explicaciones.
En segunda instancia corresponde entender los
presupuestos filosóficos que permiten este sistema tal cual se presenta.
Ciertamente este aparenta ser apolítico en el sentido schmittiano pero no por
ello es en un vacío. Como toda hipótesis, esta parte de los siguientes
presupuestos:
Ante la ausencia de conocimiento neutral y
objetivo sobre el mundo, conviene tipificar normas que no presupongan que hay
una respuesta. Por tanto, corresponde la codependencia o racionalidad de los
términos antes que la jerarquía.
No hay necesidad ni conocimiento de la
identidad.
Por tanto, suponerla tanto positiva como
negativa es un error.
Por tanto, el sistema la disuelve en una
relación codependiente: el yo existe al mismo tiempo y gracias al otro, solo en
la medida que el otro existe al mismo tiempo y gracias al yo. El todo es más
que la suma de sus partes, pero el yo generalmente encarna ese todo.
Por tanto, se niega a declararse y a fundarse
holística o atómicamente.
La voluntad de poder actúa en consecuencia: su
origen es psicológico y natural, pero su expresión posible es solo grupal. No
puede existir lógicamente fuera de esa forma.
El orden actúa en consecuencia: atentar contra
el orden es incluso atentar contra uno mismo, ya que es en ese orden donde se
da la posibilidad de ser uno mismo.
Ese orden es relacional, no precede, sino que
está prefigurado en la idea individuo-individuo y luego cumplido en el sistema
individuo-individuo.
La excepción que trae el caos solo puede
tipificarse si la prefigura la norma, en lo que supone nuevamente la codependencia,
ya que deriva de la normalidad.
El lugar que ocupa la violencia presupone un
sistema donde no es legitima ninguna práctica que el sistema no legisle,
incluso aunque la justificación ultima de ese sistema sea un pueblo constituido
por individuos. Es decir, un sistema donde la justificación viene a modo
individuo-individuo, pero la legislación se da ordenadamente supeditando y
normalizando esa relación.
La relación entre membresía, igualdad y
participación es totalmente circular.
La totalidad depende del sistema y lo cumple,
supeditando nuevamente la relación.
Queda implícita el tipo de libertad y de
sujeto político que este sistema prescribe, pero podría resumirse en que la
Libertad es: no estar sometido a una voluntad ajena distinta de la relación
individuo-individuo que uno mismo integra.
Queda también implicitico que la relación
descrita asemeja rasgos cibernéticos de autorregulación vía feedback.
Careciendo solo de tentativas a reducir los mecanismos a optimizaciones vacuas
o justificadas en su mero optimo productivo.
En conclusión, la hipótesis implícita es de
índole metafísica y matemática: la codependencia. Nótese que el cuerpo social
que está hipótesis genera es uno que se constituye del movimiento agonístico
del debate y la dialéctica. El punto de este sistema es que tiene la capacidad
de progresar, es decir que tiene la capacidad de al operar, contagiar a sus
hacedores la vía más efectiva de su propia realización. El consenso, la
discusión, el agonismo, todos estos son rótulos que indican la respiración y la
circulación corporal del mismo. Esto no está garantizado, pero está
predispuesto, está apuntado. Las necesidades que el sistema enumera son las que
justamente no solo permiten que el sistema se implemente, sino que tras su
implementación sea capaz de reproducirse en el tiempo.
¿Qué le debe este sistema a Carl Schmitt? El
entender que la excepción es inevitable y que no podrá surgir desde el propio
sistema una superación de la crisis, sino que en realidad esta dependerá (y
aquí ya contradiciendo a Schmitt) de un fenómeno que restituya la norma a su
imagen y semejanza, no de un decidor cuya voluntad individual opera sobre el
conjunto como un soberano, sino por el contrario: que la ruptura grupal solo
puede tener una reconstitución de índole grupal, de lo contrario el soberano no
restituiría la sociedad, sino su vida, su norma, no la de nadie más. Hay
evidentemente la potencia de que ese papel que rejunta lo que se partió parta
de una voluntad colectiva y trans-individual, una voluntad de poder, una
voluntad de amar, una voluntad de hacer, una voluntad de sospechar y castigar,
en efecto: un régimen de poder.
Ya dicho: el individuo puede acudir a la
violencia excepcional solo bajo las generalidades de la norma excepcional. En
ninguna circunstancia se puede actuar en soledad o sin ratificación normada.
Cada ciudadano porta no solo la voluntad de
participar sino la voluntad de sospechar cuando la participación está siendo
subvertida. Eso convierte a la democracia en un régimen que se vigila a sí
mismo desde adentro, no lo externo sino desde cada uno de sus participantes. La
sospecha como tecnología democrática contra la concentración del poder: la
constitución de una sociedad esquizofrénica.
¿Se nota entonces como Rousseau (por tanto,
Spinoza) y Nietzsche y Proudhon se conectan en Schmitt contra Schmitt mismo?
Aquí se abren las aguas mucho más allá de lo corriente.
Rousseau fundaba la voluntad general en la
razón y en el contrato. El texto la funda en la pasión y en el egoísmo no
egológico. Eso cambia qué tipo de evidencia empírica esperaríamos encontrar si
la tesis fuera correcta. Una voluntad general rousseauniana requiere ciudadanos
capaces de razonar sobre el bien común. Una voluntad de poder democrática
requiere ciudadanos capaces de reconocer que su egoísmo más profundo es
irreductiblemente social. Y ciudadanos que entiendan que la democracia es
principalmente un efecto de su psique individual ampliada y empequeñecida en la
comparación. El sistema busca entonces moldear un carácter social, no
presuponerlo ni, ante todo, basarse antes en una razón universal ajena del
usuario. El basar una voluntad democrática antes en los efectos psicológicos de
los miembros no es en ningún modo una novedad, el sistema demoliberal burgués
ya lo opera como secreto a voces. La novedad surge de implementarla en el
diseño mismo en favor de la sociedad y no de individuos carismáticos o grupos
de interés que predisponen la constitución de antemano.
Tercera parte: el pensamiento retorna a su
origen.
Me parecía que una mujer hermosa y de noble
aspecto se me acercaba, vestida de blanco, y llamándome me decía: “Sócrates, al
tercer día llegarás a la fértil Ftía".
Pero ves que es necesario, Sócrates,
preocuparse también de la opinión de los demás. Pues estas cosas de ahora ponen
de manifiesto que la mayoría es capaz de llevar a cabo no sólo los más pequeños
males, sino quizás incluso los más grandes, contra aquel que haya incurrido en
su odio
Ojalá, Critón, la mayoría fuera capaz de hacer
los mayores males, para que también fuera capaz de realizar los mayores bienes.
Eso sería magnífico. Pero ahora no son capaces de hacer ninguna de las dos
cosas; pues, no siendo capaces de hacer a otro ni sensato ni insensato, lo que
hacen lo hacen al azar.
Además, se ha de elegir lo que un hombre
honrado y bueno elegiría, al menos cuando uno afirma que se ha preocupado toda
la vida de ejercitar la virtud. De manera que yo mismo me avergüenzo por ti y
por nosotros, tus amigos, de que pueda parecer que todo este asunto en torno a
ti se ha realizado con una cierta cobardía por nuestra parte, tanto la
comparecencia ante el tribunal - que, habiéndose podido evitar, tuvo lugar- y
el mismo proceso del juicio, como este final ciertamente absurdo. Y que parezca
que nosotros - puesto que no te salvamos, ni tú a ti mismo- hemos rehuido este
asunto por cierta incapacidad o por cierta cobardía nuestra, cuando era posible
y realizable si hubiese existido en nosotros un mínimo interés por pequeño que
fuese. Pues bien, Sócrates, ten presente esto, no sea que, al mismo tiempo que
un daño, sea también una deshonra para ti y para nosotros. Así pues,
reflexiona, aunque ya no es tiempo de reflexionar, sino de haber tomado ya una
determinación.
Así sucede también respecto a lo justo y lo
injusto, lo innoble y lo noble, lo bueno y lo malo, asuntos que son el objeto
de nuestra actual discusión. ¿Debemos nosotros seguir la opinión de la mayoría
y temerla, o la de uno solo que entienda, si lo hay, al cual es necesario
respetar y temer más que a todos los demás juntos? Si no seguimos a éste,
dañaremos y destruiremos aquello que se mejoraba con lo justo y se destruía con
lo injusto. ¿No es así?
Yo al menos, así lo creo, Sócrates
Entonces, ¿podemos vivir estando destruido
aquello a lo que la injusticia daña y la justicia beneficia? ¿o consideramos
que es de menos valor que el cuerpo aquella parte de nosotros mismos en cuyo
entorno están la injusticia y la justicia?
De ningún modo.
Entonces, querido amigo, no debemos
preocuparnos mucho de lo que diga la mayoría, sino de lo que diga el entendido
en lo justo e injusto; sólo él y la verdad deben preocuparnos. De manera que,
en primer lugar, no juzgas rectamente al considerar que debemos preocuparnos de
la opinión de la mayoría respecto a lo justo, lo noble y lo bueno, y sus
contrarios. Aunque, sin duda, podría decir alguno que la mayoría es capaz de condenarnos
a muerte.
Reflexiona, además, si permanece o no para
nosotros el razonamiento de que no hay que considerar lo más importante el
vivir, sino el vivir coherentemente.
¿Afirmamos que en ningún caso se ha de obrar
injustamente de forma voluntaria? ¿o en ciertos casos sí y en otros no? (…) ¿lo
afirmamos o no?
Lo afirmamos.
Entonces, de ningún modo se ha de obrar
injustamente.
Sin duda que no.
Luego, ni se ha de responder a la injusticia
ni se ha de hacer daño a ningún hombre, cualquiera que sea el mal que de él se
reciba. Mucho ojo, Critón, al mostrarte de acuerdo con esto, no sea que vayas a
caer en una contradicción. Pues sé que a muy pocos les parece y les parecerá
bien esto. Y entre los que tienen esta opinión y los que tienen la contraria no
hay un acuerdo común, sino que es necesario que desconfíen unos de
otros, al ver sus respectivos pareceres.
Digo lo siguiente, o más bien pregunto: las
cosas que alguien ha convenido con otro que son justas, ¿se han de hacer o se
han de burlar?
Se han de hacer.
Considéralo del modo siguiente. Si a nosotros
que tenemos la intención de escapar de aquí, o como sea conveniente nombrar a
esto, llegaran las leyes y el estado y, colocándose delante, nos preguntaran:
“Dime, Sócrates, ¿qué tienes proyectado hacer? ¿No es cierto que, con esta
acción que intentas, proyectas destruirnos a nosotras las leyes y a toda la
ciudad, en lo que de ti depende? ¿Te parece a ti posible que pueda aún existir
sin arruinarse una ciudad en la que los juicios que se producen no tienen
ningún poder, sino que son destruidos por particulares y resultan nulos?” ¿Qué
responderemos, Critón, ante estas preguntas y otras de tal naturaleza? Muchas
razones podría dar cualquiera, especialmente un orador, en favor de esta ley
que nosotros intentamos destruir, que establece que los juicios sentenciados
tengan plena autoridad. ¿Acaso les diremos: “La ciudad nos ha tratado
injustamente y no ha realizado el juicio correctamente”? ¿Les diremos esto o
qué?
Esto, por Zeus, Sócrates
Y qué diríamos, si las leyes dijeran:
“Sócrates, ¿es esto lo que convinimos tú y nosotras, o más bien convinimos
permanecer fieles en las decisiones judiciales que la ciudad determinase? (…) ¿Qué
diremos a esto, Critón? ¿Dicen las leyes la verdad, o no?
Me parece que sí.
(…) En primer lugar, entonces, contéstanos si
decimos o no decimos la verdad al afirmar que tú, con obras, y no con palabras,
estuviste de acuerdo en vivir como ciudadano según nosotras”. ¿Qué diremos a
esto, Critón? ¿No es cierto que estamos de acuerdo?
Cuarta parte: la politización posible de la
hipótesis.
El peor enemigo de una sociedad de este tipo
son: el Estado, la economía y la desintegración. Sus mejores aliados son los
otros: sus jaurías hermanadas, la empatía solidaria tolerante, todos los niños
del mundo, así como toda juventud viva y prodigiosamente responsable, y Dios.
Este no es en teoría aún un sistema político
sino su máscara o cáscara. Esto puede entenderse de forma que: la comunidad
organizada del peronismo sea coherente con sus objetos y su sujeto ideal, en
forma que conforme un sistema político que la envuelva y arrope desde su misma
constitución. Claro, faltan aún partes esenciales del propio peronismo, pero
que no tienen que ver con el medio de administración sino con los objetivos y
presupuestos. En ese sentido, este marco es solo eso y no una reescritura de su
doctrina. La cual no precisa de hecho tanta reescritura sino coherencia tras la
partida de Perón y Nestor, como así también la prostitución de sus ideales y de
sus lideres. A saber: un examen sesudo terminaría con un sistema semejantemente
carenciado de conductores y jefes que solo le han supuesto a ese movimiento una
constante declive y error.
Es por tal motivo que propongo la democracia
directa como la culminación lógica de una comunidad tan organizada que
prescinde de sus partes superfluas, que no suman, porque en rigor: el todo es
mayor a ellas.
Luego, a esta cáscara o recipiente le pueden
añadir el contenido puramente doctrinario. Esa tarea queda en los peronistas de
Perón, y no en un servidor.
Notas:
1.
Por neutralidad conviene entenderla de acuerdo
con el uso común que recoge la rae: “Que no participa de ninguna de las
opciones en conflicto”.
En ese sentido, la neutralidad de este sistema
se da porque presenta condiciones y explica como estas operan, sin exigir en el
lector ninguna adhesión ni tampoco intentando seducirlo. De hecho, se espera que
el mero funcionamiento hipotéticamente posible ya funja como seducción, a
saber: de lo posible a lo deseable.
2.
Sobre lo sesgado del sistema: este parte de
una metafísica simple, instintiva y primitiva: lo que ocurre realmente, es lo
único que vale la pena ser aceptado como verdad, y solo sobre la verdad se debe
diseñar un sistema administrativo. Si esto constituye un sesgo, entonces es uno
que funge como ficción operativa del sistema, y por su valor de neutralidad, o
de normalidad, entonces no supone mayor problema. Así, que se parta del
presupuesto de la igualdad absoluta, responde a la falta de evidencia de
jerarquías naturales entre las personas. No hay evidencia en la naturaleza y en
el estado primitivo del ser humano, de jerarquías de valor que dividan la
humanidad: ni del derecho divino, ni la supremacía racial entre grupos,
etc. Luego, de lo que no hay evidencia,
no hay sistematización posible. Hay evidencia, sin embargo, de ficciones
míticas que operan para fundar sistemas racistas, monárquicos, jerárquicos,
etc. pero no hay evidencia de que esos mitos y ficciones tengan nada que ver
con la realidad, sino, a lo sumo: con análisis errado de la realidad fruto de
un desconocimiento de la misma.
3.
Es posible, sin embargo, decir que este
trabajo parte de presupuestos, pero no de sesgos, sino de presunciones
conceptualmente económicas, a saber: la evidencia produce esos presupuestos. Y
esos presupuestos no fundan mitos, sino sistemas de ideas austeros.

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